Charles Féola y la fascinación de Montmartre

Charles Féola y la fascinación de Montmartre. De la Butte a Argentat, en Corrèze.

Ya hace veinte años que el pintor Charles Féola nos dejó, pero numerosos son los habitantes de Montmartre los que se acuerdan de Féfé, que sea plaza del Tertre, Calle Norvin, o Calle del Mont-Cenis…

Un artículo de Jacques Bachellerie

Su caballete se plantó a menudo sobre la Butte, al abrigo de una puerta cochera, en el recodo de un callejón tortuoso con sus viejas casas mugrientas, con sus fachadas suspectas o en la plaza del Tertre, soleada y animada por quitasoles.

Numerosos también son los habitantes de Corrèze quienes no olvidaron a Charly, porque fue en la pequeña ciudad pintoresca de Argentat, con sus viejas casas con tejados de pizarras atravesadas por tragaluces, a lo largo de los muelles de la Dordogne, que había fijado el domicilio después de Montmartre. Había elegido instalarse en la colina de Embarran, que dominaba el ciudad.

Con Charles Féola, artista atípico, es toda una mitología que vive otra vez con, para Olympe, la Butte Montmartre y para Panteón Maurice Utrillo, Gen Paul, Suzanne Valadon, Robert Naly, Marcel Aymé, Boris Vian, Jean D´Esparbès, Creixams…

Charles Féola nació el 13 de mayo de 1917 en Philippeville en Argelia. Su familia, oriunda de Italia del pueblo de Résina cerca de Herculanum, en la región de Naples, emigró en Argelia donde el padre del joven Charles trabaja en una draga que quita los aluviones del puerto.
Muy joven, vivía en la empresa familiar de pintura de su hermano mayor Joseph en medio de los andamios y de los colores. Dotado para el dibujo, su práctica de la pintura se remonta a la niñez. Autodidacta, se familiariza muy temprano con la técnica de la pintura al óleo. A partir de los 13 años, se puso a componer sus primeros cuadros, notables por la seguridad del dibujo y del equilibrio de la composición. A los 17 años, su producción, ya importante le permite presentar una primera exposición en una tienda de muebles en Philippeville.

Los cinco años que adelantan el principio de la Segunda Guerra Mundial, son para Charles, un período de aprendizaje entre Argelia, Túnez y Marruecos al lado de pintores como Kalens o Henri Saada.

Durante estos años, viaja, recorre los zocos, trabaja según sus encuentros. Su gusto por la aventura le empuja hacia Líbano, Egipto, Siria : algunos cuadros de Feola recuerdan la vida bulliciosa y colorada de un Oriente cogido al azar de las escalas… Puerto-Saïd, El Cairo, Beirut y otras tantas…

Charles Féola entiende que tiene que combinar su práctica de la pintura con una actividad lucrativa : así multiplica las creaciones de letreros.
Mobilizado en Túnis, participa en los combates contra la Africa Korps de Rommel. Hecho prisionero en 1942, ese libera algunos meses más tardes. Estuvo en tránsito por Italia y llega a Francia.

Chanson de l’Allée Sans Nom

Tout là-haut, là-haut sur la butte
Où les moulins font la culbute
Où crèvent de faim les rapins
Et où s’empiffrent les rupins
Dans un coin ignoré des badauds
Y a une rue qui vit incognito
L’allée sans nom n’a pas eu de baptème
L’allée n’a pas eu de parrain qui l’aime
Pas de plaque bleue, pas de discours
Pas d’ministre pour lui fair’ la cour.
Ce n’est rien qu’une pauvre orpheline.
Toutes les rues qui ont un nom la taquinent
Mais comm’ Poil de Carotte ell’ sait bien
Qu’il vaut mieux parfois être orphelin
On y aurait p’t’êtr’ mis un’ particule
Mais la gloire ell’ trouv’ ça ridicule,
Et dans son coin faisant ronron
Elle reste l’allée sans nom.
Elle évoque les belles inconnues
Que l’on croise au détour d’une rue
Et qui s’en vont en froufroutant
Nous volant le coeur un instant
Marie-Ange, Suzanne ou Manon
Disparues… sans même laisser un nom.
L’allée sans nom n’a pas eu de baptème
L’allée n’a pas eu de parrain qui l’aime
Ell’ va pieds nus durant l’hiver
Mais le printemps l’habille en vert
Et l’été la pare de jonquilles
Les vieux viennent y jouer aux quilles
Et le soir les couples d’amoureux
Vienn’nt en douce y jouer d’autres jeux
Ce sont eux alors qui la baptisent,
Ils l’appellent la Rue des Bêtises
Ell’ ne répond ni oui ni non
Elle reste l’Allée sans nom.
Robert Berry

Llegado en París, va a Montmartre. ¿ Entonces, qué sabía de nuestro barrio ? ¿Estaba buscando una nueva formación artística al lado de otros artistas o un modo de vida original ?

A los 27 años, va a recorrer este mítico territorio, mantillo para los jóvenes pintores de varias generaciones. Charles había oído hablar de ello gracias a su amigo Henro Farion, artista de Montmartre, encontrado en Beirut, antes de la guerra y después, alimentaba la ambición poner ahí sur pinceles y su caballete.

Rápidamente, se enamora de este barrio con sus calles sinuosas con sus rincones de sombra poblados por una vida fascinante. En Montmartre, descubre un pueblo en la capital : el marco es plantado.
El Montmartre de los años 40 es muy diferente del pueblo de las artistas y pintorzuelos que llevaban la vida de bohemia a principios del siglo XX.

A partir de 1943, la ciudad anexiona de manera progresiva los solares que eran cubiertos de barracas pero el maquis sigue vivo y los entornos de la Butte reservan asuntos atípicos a los pintores.
La pintura de Charles Féola que entonces encuentra su influencia en la obra de Fernand Herbo, su primer maestro parisino, se materializa en el trabajo de la pasta, de la materia depositada de manera maciza en la tela.

Es en aquella época cuando Féola entiende que para pintar en Montmartre, se tiene que conocer el frío del invierno, la incomodidad de los talleres y el desaliento por beneficios demasiado escasos. Como otros, recorre los adoquines y sube y baja las escaleras…
Féole frecuenta academias de pintura : La Grande Chaumière en Montparnasse, la Academia Frochot en Montmartre, Lapeyre en el Bulevar de Clichy.

Nuestro nuevo vecino de Montmartre progresa en su práctica de la pintura a medida que descubre la Butte. A los largo de las calles, encuentra fuertes personalidades y está a gusto en una pandilla compuesta de Robert Naly, Gen Paul, Creixams. Desparbès, Elysée Maclet y otros que pintan pero no olvidan ir de fiesta.
Un día durante el verano 1945, mientras pinta en la plaza du Tertre, un hombre le aborda : se trata del miniaturista Daniel Viau, hermano de Lucie Valore, esposa de Maurice Utrillo.
Viau pone en contacto Féola con el pintor y su esposa que viven al Vésinet donde le acogen para algunos meses. Al contacto del hijo de Suzanne Valadon, Charles perfecciona su pintura y desarrolla su propio estilo.
Utrillo conservará vínculos eternos con su alumno Féola : asistirá a sus exposiciones en Montmartre y patrocinará algunas de sus grandes exposiciones a través el mundo, en París, Londres, Nueva York, Rio, Escandinavia, El Cairo, Tel-Aviv y Tokio.
En 1955, durante el rodaje de la película de Sacha Guitry « Si Paris m´était conté », Utrillo volverá a Montmartre para participar a algunas secuencias y este día, irá en la Alameda Sin Nombre para volver a ver a su joven « hermano y discípulo » Féola para el que, en algunas pinceladas, realizará un gran cartel sobre una cubierta de lona de bar.

Con la posguerra, el joven Féola influenciado vivamente por Utrillo intenta singulizarse y dar a su pintura un carácter original y reconocible por la elección de temas fuertes como los rincones escondidos de Montmartre y los campos de gitanos en Saint-Ouen que le inspiran una rica producción de dibujos, acuarelas y pinturas.

Esta búsqueda hubiera debido llevarle a Normandía si una tormenta no había devastado los manzanos que quería pintar, en plena floración. Es un amigo quien, por defecto, le propone bajar en el suroeste entonces, del lado de la Corrèze, a Argentat, que su amigo conoce muy bien.
Charles Féola se enamora y de este encuentro fortuito van a nacer algunos cuadros del fino de los años 40 sobre las cuales se nota las técnicas desarrolladas en Montmartre en el trabajo de las fachadas llanos de colores y resaltos de blanco para revelar la luminosidad del lugar.
A partir de esta fecha Charles Féola comparte su tiempo y su creación entre Montmartre y la Corrèze.

De vuelta en la Butte, encuentra a la que será su primera esposa Jeanne Doumerc, heredera de una familia de industriales en las hilaturas del Norte. Viven entonces avenida Junot. Pero Féola trabaja con su equipo de artistas, al 24 de la calle Norvins, al fonda de la Alameda sin nombre, al interior de un largo edificio estropeado, en un taller sin agua, sin gas, sin electricidad.
Podríamos pensar que unos bohemios siguen existiendo sacrificándolo todo al arte que eligieron. Sin embargo, los jóvenes pintores de la Alameda sin nombre, ellos, tienen una fama. La vida les colmó ; viven todos en apartamentos cómodos y sólo vienen para buscar la inspiración en esta bohemia dorada,
Charles Féola, cubierto a menudo con un sombrero flojo, con la blusa salpicada de guache y con su mona muy acogedora, nos explica « es imposible trabajar en casa en mi taller bien calentado de la avenida Junot. Nunca pude salir bien una tela… Vas a pensar que se trata de un esnobismo desplazado y que mi uniforme de pseudo bohemia no conviene con mis zapatos de triple suelas. Que quieres, es la vida moderna que es la causa. Si quiere llegar, un joven pintor tiene que vivir en sur tiempo y quemar las etapas. La vida actual nos obliga a vestirnos de manera docente para asistir a los vernissages y a las comidas de negocios pero quedamos muy atados a las antiguas tradiciones de Montmartre. Con mis amigos pintores, hemos adaptado la Bohemia simplemente al tiempo de hoy y quedamos todos solidarios tanto en la alegría como en la pena. »

Fue la última « Bohemia de Montmartre » que se encierra en una antigua granja al fondo de la Alameda sin nombre.
En la entrada, es primero un casa de aspecto sórdido donde vive una vieja portera. Vive desde mucho tiempo, la Bohemia, y no supo adaptarse a la vida moderna, ¡ella!
Y, una alameda arenosa bordada de tilos venerables acompañada de jardines baldíos parece acabar al fondo en una confusión de casas vetustas, pero se prolonga todavía, detrás de estas casas en ruinas, entre otros jardines que caen en cascada en la falda del cerro hasta la calle del Abreuvoir, en una orgía de arboles y de verdor como en una tela de Bonnard.
Está aquí, en un verdadero maquis, con sus tórtolas, sus urracas, sus mirlos y sus gatos, que se encuentra el refugio de la ultima bohemia trabajadora de Montmartre.
Las hermanas Duquesnoy, ambas profesoras de primaria, viviendo en un casa un poco estropeada, eran el último recurso de los pintorzuelos para encontrar un tazón de sopa los días de escasez.
Pintores, escultores, poetas, modelos, tal como es la población de este lugar donde se fueron agrupándose, según sus afinidades, estos artistas que constituyen una especie de taller a la manera del Renacimiento.
Las dos cabezas de jefe de filas son Léon Auger, antiguo alumno de las Bellas Artes y pintor de talento y con una ejecución incontestables y Charles Féola, excepcionalmente dotado, pero víctima de las súplicas de una clientela demasiado numerosa ; parecería dejarse llevar a veces un poco por la facilidad ; pero esto es solo aparente porque lo que selecciona en su producción, no lo vende, lo conserva.

Alrededor de ellos se agruparon el escultor Jean Pié, el miniaturista Daniel Viau, los decoradores Edmond Muller et Catherine Lion…

In las inmediaciones de la Alameda Sin Nombre, otros artistas trabajan : Jean D’Esparbès, pintor conocido por sus lienzos de arlequín, de músicos, de jugadores de ajedrez y de niños dormidos, Maurice Cahours con su hermoso careto de marinero, sus aguafuertes y sus marinas bretonas, Robert Naly, carbonero decorador, pintor de peces muy originales y grabador, al lenguaje y al espíritu cáustico, Pedro Creixams el catalán, ilustrador y pintor con una sonrisa bonachona y con colores brillantes en sus lienzos que representan escenas de la vidi española y de gitanos, Elisée Maclet, pintor y acuarelista de las calles y rincones de la Butte que conoció una vida difícil, Claude Bils, pintor, dibujante y caricaturista parlamentario y judicial con mucha fama…

Gen Paul era también une familiar de la Alameda Sin Nombre y solía rendirse por la noche para encontrar a su amigo Marcel Aymé de natural indolencia, taciturno y soltado.
Es también en este lugar que Charles Féola encuentra, en la escuela de dibujo al fondo de la hacienda, a una joven estudiante de arte, Jacqueline Thibaut que será su segunda mujer y la madre de sus cuatro hijos : Christine y Bruno que nacerán en París después Thierry y Vanessa que saldrán a luz en Corrèze.

Jacqueline tendrá, a lo largo de su vida, una influencia sobre las elecciones artísticas de su marido. Sus lienzos, que sean paisajes, ramilletes o grandes carteles inocentes muy trabajados en los que los niños siempre están presentes, reflejan la alegría de vivir con mucha gracia, poesía o melancolía.
Cada uno acaricia una producción independiente con un estilo muy diferente pero estimulada recíprocamente por los consejos del otro.

Desde el principio de los años 50, Charles Féola conoce el éxito tan en las diferentes exposiciones del barrio ( en el Poulailler, en la entrada del cabaret Chez Patachou) como con los grandes vendedores de arte y las galeristas parisinas de fama y se vuelve el huésped de grandes capitales extranjeras.
Pero probablemente influido por las lecciones sacadas de sus primeros años de su carrera, siempre deseó controlar la venta de sus obras ; de este modo su deseo de convertirse en su proprio vendedor nace a fin de liberarse del regazo de las galerías aunque tenga que ganarse la ira, las criticas como la envidia, el rencor y las maldades injustas de algunos profesionales del arte.

Charle Féola abre entonces varias galerías en Montmartre a fin de dar a conocer mejor sus obras y venderlas sin agente intermediario.

Es, primero la galería « Le 5 » (galería compartida) al 5 de la calle Norvins donde, durante su exposición, a principios del año 1949, Charles tiene la alegría ver su talento oficialmente reconocido ; Maurice Utrillo está presente durante el vernissage.
Y, es la « Galería del equipo de la Alameda Sin Nombre », 18 de la calle St Rustique que, en el verano 1949, presenta sus pinturas, esculturas y miniaturas de Daniel Viau, Jean Pié, Edouard Muller, Louis Durand, Thérèse et Maurice Henry, Catherine Lion et Charles Féola.
Por fin, es la « Galería sin Nombre » al numero 9, de la calle del Mont-Cenis que conservó hasta 1982 donde presentará sus acuarelas y sus óleos como los lienzos de su esposa y las de pintores ya famosos como Creixams, Desparbès, Dubuc, Dufy, Gen Paul, Suzanne Valadon… o algunos pintorzuelos miserables, encantados que Charles, quien se acordaba de sus principios, les comprara algunos lienzos.
La Señora Féola expondrá también en la galería de arte de la plaza Beauvau algunas de sus obras inocentes bajo el nombre de Tuabiht.
Es también gracias a la Galería Sin Nombre que Féola se hizo algunos clientes galeristas extranjeros de Montréal y de Nueva York, de paso en Montmartre.
De este modo, a principios de los años 70, cuando iba a Miami con su esposa y la pareja Narboni, galerista calle de Chevalier-de-la-Barre, llevaba consigo lienzos enredados en papel kraft y durante la escala neoyorquina, los entregaba a grandes galeristas norteamericanos. La galerista de Montreal vendía en Canada guaches muy hermosas en un estilo diferente de la pintura habitual de Féola.

Charles, más conocido bajo el nombre de Féfé, fue también un personaje pintoresco de Montmartre. Por un modo de vida a veces salpicados de excesos que atrajeron las enemistades, es sobre todo gracias a su lado muy artista, original y sobre todo muy distendido, supo hacerse amigos con muchos.
Frecuentó a figuras destacadas de la Butte como la muy popular Clochette, una buena pieza que cantaba Bruant, la cantante Mick Micheyl, el poeta Robert Berry, el cancionero Gabriello, Mimiche, patrón del restaurante de la calle Chevalier-de-la-Barre, antiguo payaso y miembro de la fanfarria La Chignolle, creada por Gen-Paul, Attilio, el patrón del café Le Pichet du Tertre, Henri Saurin dicho Marché Noir o Black Market, que vivían en el patio del inmueble de la calle Mont-Cenis, al numero 9.
Saurin quien sirvió de modela a Marcel Aymé para su novela de « La traversée de Paris », poseía también un prostíbulo en el lugar lo que se convirtió más tarde en el taller del pintor Robert Dago, y el depósito del taller de la galería de Charles.
Féola conoció también a Constant Teffri, el penúltimo alcalde nombrado del barrio, entre 1960 y 1968. Con su esposa Marthe, Teffri a menudo invitaba a la familia Féola para que les reunieran en su casa de campo de Prayssac, en la región del Lot.
A veces, Charles le gustaba encontrar a sus amigos como Augustin le Breton y François Deguelt en el Tire-Bouchon, en veladas muy rociadas que se prolongaban muy tarde por la noche y durante las cuales rehacían el mundo.
Por fin, nuestro pintor se implicó en el ámbito social, participó a numerosas fiestas en Montmartre y formó parte de muchas asociaciones del barrio como la République de Montmartre, Art et Humour Montmartrois, l’Amicale des Artistes de Notre-Dame de Montmartre, la Confrérie des Chevaliers du Taste-fesses cuyos principales miembros eran Léo Campion, Jacques Grello, Micheline Dax, Boris Vian, Jean Valton, Monique Morelli, Pierre Dac, Jean Rigaux…

A partir de 1982, tras haber vendido la Galería Sin Nombre al señor Alain Fable, charles Féola se fue de Montmartre para instalarse en Corrèze, en Argentat.
Es durante los años 60 cuando se nota un interés cada vez más importante para la Corrèze, su región adoptiva, en sus obras
Desde hace el principio de los años 50, compartía su tiempo entre Montmartre y Argentat donde había comprado una modesta granja en la colina de Embarran, más tarde, entre 1952 y 1955, en su terreno, construirá con sus manos una grande residencia, el « Castel d’Embarran » en el que acondicionará un taller bonito bajo la cristalera del tejado y adornará el jardín con esculturas y faroles en el mismo estilo que los de la Butte.
Es en el silencio de la residencia « sobre la montaña », solamente turbada por el silbido del viento pasando en los grandes pinos donde nuestro gentleman-farmer pinta, solo en la noche. « Necesito la noche, hacer la obscuridad alrededor de mi. Entonces, cuando lo todo es apagado, surge la luz interior. Sólo puedo crear en este momento. »

A Embarran, sigue pintando, de memoria, los callejones, las plazas y los bares de Montmartre encantados por sus demonios familiares pero también clava su caballete a menudo en las calles de Argentast porque necesita impregnarse de los rincones que le gustan, como los muelles de la Dordogne con sus hermosas viejas casas.
La producción artística pintada en Corrèze es tan importante como que obra parisina, Argenta, Beaulieu-sur-Dordogne, Tulle, les Tours de Merle son los sitios que inspiraron mucho a « Charly ».

Los procesos del alumno y del maestro, Utrillom a pesar de sus semejancias, nos muestran muchas matices : los lienzos de Féola son luminosos, alegres, colorados, sin dudas la influencia de un carácter mediterráneo.
La organización de los planos y el equilibrio de los volúmenes se reparten de manera armoniosa sobre el lienzo.
Charles Féola otorga también una atención particular a los detalles que refuerzan la autenticidad de sus cuadros : el follaje, los tejados salpicados por chimeneas, las tablas de madera que forman una puerta o una valla toman una dimensión llena de sensibilidad y poesía.
El trabajo de la materia, brochada, dejada por pinceladas o llanas son características de su pintura. Si su primer período en Montmartre es más oscuro y atormentado, presenta ya un interés marcado para el contraste. Sus realces de blanco aumenta la profundidad de las formas. Usa la brocha para el fondo y el pincel redondo para las pinceladas nítidas que rompen con la monotonía de los volúmenes.
A lo largo de los años, la paletilla se aclara, la superficie de suaviza y, la brocha menos nerviosa gana en serenidad y simplicidad.
La pintura de Féola es viva, vibra, resplandeciente y en movimiento, los colores se mezclan y los tonos se entrechocan.
Los lienzos de su período de la Corrèze son llenos de luz y de verdor, sólidos como las casas de granito con los tejados de pizarra de esquisto que pintaba, pero tan límpido como las aguas de la Dordogne y hirvientes como la vida llena de energía que llevaba al lado de los suyos, a Embarran. El país de Argentat se ha vuelto su nueva patria y el valle de la Dordogne su corazón.
Muchas exposiciones tuvieron lugar en Corrèze : en Argentat, en el Museo del claustro en Tulle, en el Castillo de Sédières, en el Museo Labenche en Brive…
Como en Montmartre, Charle Féola y su esposa se implicaron en la vida de la ciudad como en la vida asociativa : fueron consejeros municipales de Argentat : él, fue presidente del Club de football y Jacqueline Thibaut, su esposa, creó el Club de Gimnasia Volontaire.
Muy solicitados, siempre contestaron de manera favorable para decorar las salas para las diversas festividades, pintar banderolas (esto le recordaba su juventud), y participar activamente con su esposa a las fiestas del Bastier en Argentat. Se implicaron mucho, en 1982, en el primer comité de hermanamiento de su ciudad con la ciudad termal alemana de Bad-Koenig, entre Heidelberg y Francfort.

Por su carrera artística, Charle Féola fue el testigo de una transformación de la bohemia de Montmartre, sin douta la última. Gracias a sus amistades con los pintores y sus numerosos vecinos que conoció y frecuentó, durante su gran período creador, supo deja su huella en la Butte como en Corrèze, más particularmente en Argentat donde cada uno conocía la personalidad muy atractiva de Charly.

A la ocasión de los veinte años de du desaparición, deseemos que Montmartre, Argentat y el departamento de la Corrèze, le rendiera homenaje a Charles Féola y pusieran el hombre y su obra en luz al sitio que merecen.

Un gracias grande a los hijos de Charles Féola quienes, por su acogida calurosa, su disponibilidad y su amabilidad, me ayudaron a redactar este artículo gracias a los documentos que me prestaron y para los que me permitieron la publicación. También me abrieron la hacienda de Embarran para que descubriera el emocionante taller de su papá, casi en el mismo estado antes de su despedida.

Fuentes :
Artículos de prensa : La Montagne, France Illustration, Journal des JMF, Paris-Montmartre.
Textos de Mathilde Humbert, directrice du Musée Labenche, para “catalogue de l’exposition de 2013″.
Les Éditions André Roussard.